Años de botines y
pantalones cortos,
soldaditos cruzando
las zanjas
y guardados en un
cajón.
Era esperar la
salida del colegio de señoritas,
golpearse en el
hombro
hasta convertirse en
el rey de la cuadra.
Cazar sapos con
cierto arte e ingenuidad,
resolver las
fracciones al borde del cordón.
Y una foto de mujer,
la primera mujer
que posó desnuda
ante nuestros ojos:
los más grandes
juntando monedas para debutar.
Esperar la siesta
del viejo amargado
para comenzar a
gritar,
trepar las rejas
punzantes en busca de la pelota.
Y los vecinos
nuevos, y los amigos
que fueron con su
niñez a otros barrios:
todos juntos en los
años fugados
en la inocencia
gastada en trabajo,
muerte y desamor.
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