Desde el silencio más ennegrecido
una voz dormida entre sollozos
guarda su gemido entre algodones.
La mirada al techo en la noche
humedecida por los lagrimales
que intentan en vano dejar de llorar.
La esperada muerte de quien dijo
de este amor no salgo vivo
y casi llega tarde a que le digan adiós.
Y descubre que sobre el cajón no hay rosas
y el grito final se le escapa
como un alma por la boca.
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