Andaba mi mochila por el norte del país,
a los costados de los caminos
la soledad acumula mugre y carteles oxidados
y uno no pierde la costumbre
de andar loco por una mujer.
Andar muy loco por una mujer
ya no tan buena ni tan sana,
ya no tan brillante ni interesante,
siempre que sea humana
puede ser una amante.
Puede ser una amante cualquiera del camino:
si tiene los pies cansados no se irá corriendo:
pues no corre quien no tiene dónde ir,
no muere quien no sabe dónde caerse muerto.
Caerse muerto sobre una cualquiera
que pronto tendrá nombre y sobrenombre
y tendrá un hombre
con quien quedarse callada:
allá, en el campo, una mujer con piernas bifurcadas
que no dice hasta mañana
ni pide que la besen tanto:
ella sabe que los mejores yuyos
para el amor
son los bien altos.
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