domingo, 30 de septiembre de 2012

Los adioses



Nos enrollábamos, aplastábamos, penetrábamos;
y de sus uñas salían clavos que me pinchaban
y de mi lengua se alargaba una serpiente besadora:
yo no sé cuál es la historia del amor
pero este amor es nuestra historia.
Sexos escupiéndose, llamándose, recordándose;
narices frías de cuerpos desnudos en el patio,
y en la ducha el jabón llegaba hasta el caracú:
yo no sé lo que hace la gente cuando nadie la ve
pero sé que te veo entre la gente.
Un guiño, un llanto, telequinesis avanzada;
y cuando se iba, mi mano levantaba su falda
y me mandaba a la putaquemeparió lamiéndome:
yo no sé lo que se escribe para decir adiós
por eso me despido sin decírselo.  

Otras guerras


El mismo soldado que ronca,
el mismo soldado que disparó
antes de tiempo,
el mismo soldado que recibe cartas
perfumadas,
el mismo soldado que derramó
el salero en la olla,
el mismo soldado que delató a un soldado,
el mismo soldado que esta noche
vigila a distancia al enemigo
haciendo guardia en la trinchera:
los otros
calientan sus manos en el fuego,
lo miran y esperan.
El plomo ingresa por la espalda,
el fusil sonó como suena un ronquido.

Pantalones cortos


Años de botines y pantalones cortos,
soldaditos cruzando las zanjas
y guardados en un cajón.
Era esperar la salida del colegio de señoritas,
golpearse en el hombro
hasta convertirse en el rey de la cuadra.
Cazar sapos con cierto arte e ingenuidad,
resolver las fracciones al borde del cordón.
Y una foto de mujer, la primera mujer
que posó desnuda ante nuestros ojos:
los más grandes juntando monedas para debutar.
Esperar la siesta del viejo amargado
para comenzar a gritar,
trepar las rejas punzantes en busca de la pelota.
Y los vecinos nuevos, y los amigos
que fueron con su niñez a otros barrios:
todos juntos en los años fugados
en la inocencia gastada en trabajo,
muerte y desamor.

Hijos de sus padres


Años soleados, tornasolados, aletargados. Sábanas recién compradas, muebles sin armar, lunas de miel y chocolate y desayunos en la cama. Promesas de amor inmortal, amor eterno, amor incondicional, amor lento, amor en todas sus formas y amor deformado. Carne joven y fresca, pecas que son detalles, besos amalgamados. Manos femeninas que acarician a quien la desnudó, que se aferran a los hombros de quien destrozó su espalda contra la canilla de la ducha. Un libro de nombres y significados al borde de la mesa: semillas, cigüeñas, repollos. El hombre que se siente tal cuando la mira desnuda, la abraza bien fuerte para que se le pegue al cuerpo, la transpira, la penetra, la sueña.

Años que se comienzan y se festejan, se recuerdan, se tatúan. Casualidades varias, relojes acelerados. Una foto cuelga en la pared: sólo se ven sonrisas y rodillas que se rozan.

Y una primera arruga por donde termina el ojo es otro año que se sucede. Y promesas borrachas de navidad anuncian unas vacaciones nuevas. Los nenes son como dos años bañados en oro que cuelgan del cuello. Cortes de pelo imperceptibles, panzas, estrías, pelos de la nariz que se asoman a ver cómo está el día. Sexo de aniversario, de hotel, de calentura, de viagra y de películas románticas. Y entonces se ronca, el robo del acolchado es penado de muerte. O el fútbol o la serie, o año nuevo o noche buena, o tu familia o la mía. El mismo chiste del gallego tuerto, los escarpines están donde los dientes de leche. Señora de, fiestas retro. Problemas laborales, milanesas de soja no, costumbre de orear la sábana.

Y entonces los años se parecen más a una colección de estampitas de capitales que nunca se visitarán y no tanto a una vida que prometió una existencia entretenida.

Declaración escrita en servilleta


"Borges fue hacia el sur y encontró la Biblioteca Nacional,
yo fui hacia el norte y encontré mujeres,
por lo que no he escrito mucho pero me divertí bastante"
Facundo Cabral.

Andará colgando ropa en un lavadero
de Guadalajara,
o saliendo del mercado en Montevideo,
o leyendo Pizarnik en una piecita
del barrio viejo,
o desnudándose en un río nicaraguense,
o mordiéndose los labios delgados, por debajo del velo,
en un pueblo musulmán,
o llorando en la estación Central,
o naciendo desde el interior de una madre
en el fin del mundo,
o durmiendo
mientras sueña que sueña
estar dormida.

Tal vez porque el amor es menos lo que se busca
que aquello con lo que se tropieza.

En el pasto crecido juegan


Andaba mi mochila por el norte del país,
a los costados de los caminos
la soledad acumula mugre y carteles oxidados
y uno no pierde la costumbre
de andar loco por una mujer.
Andar muy loco por una mujer
ya no tan buena ni tan sana,
ya no tan brillante ni interesante,
siempre que sea humana
puede ser una amante.
Puede ser una amante cualquiera del camino:
si tiene los pies cansados no se irá corriendo:
pues no corre quien no tiene dónde ir,
no muere quien no sabe dónde caerse muerto.
Caerse muerto sobre una cualquiera
que pronto tendrá nombre y sobrenombre
y tendrá un hombre
con quien quedarse callada:
allá, en el campo, una mujer con piernas bifurcadas
que no dice hasta mañana
ni pide que la besen tanto:
ella sabe que los mejores yuyos
para el amor
son los bien altos.

Fall in love


Mientras que algunos simplemente se enamoran,
otros pisamos débilmente
las hierbas de un patio trasero,
hacemos fuerza para hundirnos en la tierra,
perforando como un sepulturero
las capas de barro donde moriremos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ensayo de una boca



Besarte a bocanadas, a ciegas,
y besarte con los ojos, con las manos.
Besarte en el día que no llega,
besarte la sombra, el miedo, el lomo.
Como un niño, como un padre, como un perro,
y también besarte como nadie.
Y besarte tanto que ya pierda el sentido.
Besarte ojo por ojo, diente por diente,
besarte con la vergüenza que no tienen los locos.
Besarte para comenzar a besarte el alma.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La larga risa de todos estos años


Desde el silencio más ennegrecido
una voz dormida entre sollozos
guarda su gemido entre algodones.
La mirada al techo en la noche
humedecida por los lagrimales
que intentan en vano dejar de llorar.
La esperada muerte de quien dijo
de este amor no salgo vivo
y casi llega tarde a que le digan adiós.
Y descubre que sobre el cajón no hay rosas
y el grito final se le escapa
como un alma por la boca.

Blanca Bustos


Te amo como se ama a un pueblo.
Amo tus calles de barro,
tus puertas abiertas como un libro.
El agua hirviendo en la llama,
las frondas muertas del pino,
el artista hundiendo
sus manos en lana.
Te amo como ama un pueblo a sus ríos,
como lo hace un dios a un suplicante.
Te amo como se ama a un niño,
como ama un amante...

No se pierda el tiempo


La cuarentona camina suficientes cuadras.
Lleva en el bolso una carta perfumada
que no mandará nunca.
Se queda al borde del cruce
esperando como una solterona
a que la inviten a cenar.
Llegado el momento se arroja a las piedras:
finalmente, la muerte era una lucecita.
Y el tren se acerca, se acerca.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Aún


Esta hoja en blanco que
guarda el secreto de lo que aún no se ha dicho,
el silencio solitario de las voces
que no  han abierto sus bocas,
los miedos que habitan en la noche larga,
la joven muerte que nace en el día,
los crisantemos que los enamorados
dejan ya firmes en el barro
y el beso que nos falta todavía.