miércoles, 5 de septiembre de 2012

No se pierda el tiempo


La cuarentona camina suficientes cuadras.
Lleva en el bolso una carta perfumada
que no mandará nunca.
Se queda al borde del cruce
esperando como una solterona
a que la inviten a cenar.
Llegado el momento se arroja a las piedras:
finalmente, la muerte era una lucecita.
Y el tren se acerca, se acerca.

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