martes, 9 de octubre de 2012

Los poetas malos


El uso de la primera persona, otros tantos yo poéticos,
así como los guitarristas se tiran
unas cuantas monedas al piso.
En otros siglos la pluma del enamorado
rozaba la mano de la enamorada:
y están esas aves que abren todas las plumas:
o todas o ninguna parecieran decir.
Sucede que soy un romántico pero al revés.
Mi trabajo no pasa por las fábricas ni el campesinado
como quisieron los marxistas,
y no me entra en el bolsillo l´art pour l´art.
El tiempo pasa en la rutina
que se pega como un moco duro,
el mismo tiempo que se tarda en dejar pasar una muchacha
y chusmearle el sur.
Me gusta recitar a calzón quitado:
la virtud y la perdición del escribidor resultan
de su intimidad con la palabra.
Y llenamos renglones
donde ya se ha dicho todo
al sentir otra vez que no es suficiente.
Sílaba a sílaba la masturbación verbal es más lenta:
degenerados lingüísticos, poetas atorrantes,
no por profesión sino por ocasión,
poetas malos, verborrágicos, plagiadores,
toscos, tartamudos.
El silencio de la poesía es algo inalcanzable.
Tristísimo. Ruido. Nos queda el ruido,
las ganas de gritar, de pasar el tiempo, trasnoches.
Pero cómo terminar la poesía que no ha empezado:
hierven las páginas sin autor,
quedan las risas de los juglares,
poetas anónimos igual de atorrantes.
Mis mejores versos deben andar por los bares
buscando ebrias compañeras con quien consagrarse.
Pero es no es todo, nos queda el alma ululando,
meneándose y prostituyéndose en las calles:
hay otros cuentos de hadas donde los villanos hacen de las suyas.
Y mientras esta poesía se incompleta
los poetas de los que nadie habla se congregan
en el bar de la esquina.

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